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REFLEXIONES SOBRE EL ARTE Y LA DANZA 1

Reflexiones sobre la danza I
Bolivia – Latinoamérica
Pues bien, he decidido plantear en una serie de artículos, una suerte de “papers”, referidos a las artes del movimiento, a la danza, y que no serán de uso exclusivo de ella. Como bailarín y coreógrafo el tiempo que he dedicado a este noble arte me ha servido para plantear algunas críticas a lo que nos han dicho que es el Arte y éste arte: danza. Con estas reflexiones también pretendo invadir otras áreas y especialidades del arte, estoy convencido que tenemos el mismo problema y que estas reflexiones pueden tranquilamente aplicarse a la música, al teatro, a la pintura, escultura, literatura, etc… a todo aquel arte que pretenda pensarse a sí mismo y nazca desde la inevitable comprensión de nuestra existencia, del lugar que ocupamos, habitamos, venimos y vivimos.
La danza, como muchos autores ya lo han definido, prácticamente nace con la humanidad y se le adjudica a la música como su primer estímulo. Al mismo tiempo se ha definido al arte como un elemento innato que sólo comparte el género humano. En nuestra cotidianidad, en Latinoamérica y en Bolivia, es muy difícil imaginar a nuestras sociedades y la tradición cultural de cada país alejado de sus danzas típicas, artesanías, gastronomía y/o música folklórica, siempre pensando en aquello que sería “nuestro legado cultural” o parte de la identidad de un país. Es inevitable también percatarse que la danza, al menos en Bolivia, tiene un alto valor cultural que atraviesa géneros, edades, clase social, poder adquisitivo, región y que marca profundamente la identidad del boliviano/a. Incluso, el carnaval de Oruro, la mayor expresión cultural de Bolivia para el mundo ha sido declarada patrimonio oral e intangible de la humanidad por la UNESCO.
Bien! Y ahora, todo lo descrito en el anterior párrafo ¿bajo qué términos están planteados? ¿Cómo se ha construido esta “tradición” y la necesidad de ser “famosos” a nivel mundial? Los conceptos que hablan de arte o que representan la cultura de los países latinoamericanos, ¿De dónde vienen? ¿Siempre han existido? ¿Nos son útiles, nos representan, hablan de Latinoamérica, del latinoamericano/a? ¿Lo que hacemos es folklore? ¿Hacemos arte?
Estas preguntas quizá no sean respondidas en éste y los artículos subsiguientes, pero si serán tratados y abordados desde la experiencia y la reflexión pura. Lector, tenga en cuenta que todas las ideas son mecanismos de impulso, para accionar, para comprender, explicar el mundo. Las ideas funcionan como herramientas para significar las cosas, para diferenciar, dar lugar, calificar, pero todas ellas, las ideas, son creadas, son parte de un proceso social y cultural por el cual un hombre, mujer, sociedad, cultura entiende y explica el mundo. Entonces…
Lo primero a ser repensado es la idea de encasillar el arte latinoamericano como “folklore”, o su equivalente para las artes plásticas “artesanía”. Sin duda conceptos colonizadores y caducos, que de alguna manera han conseguido perdurar en el tiempo y que la mayoría de nuestros paisas, causas, parces, cumpas, etc… creen que hacen y la forma correcta de describir lo que en su país hacen.
Folklore es una palabra inglesa que es traducido como “saber del pueblo”, una especie de conocimiento colectivo, lo definen como aquello que carece de proceso intelectual, surge casi
como un espasmo, de manera espontánea y que es compartido por un gran grupo social y que los representa.
Éste concepto surge en Europa en el tiempo de la revolución industrial para explicar lo que hacían los migrantes ingleses, campesinos, al llegar a la ciudad como mano de obra –muy barata-, miles y miles de inmigrantes que serían la fuerza de trabajo de las nuevas industrias de manufacturas. Gente que llegaba de lejos con sus “costumbres y tradiciones”, desde entonces ya había que explicarse lo que hacía el pobre, el poco civilizado, no citadino, el que está fuera de las esferas de poder y de creación de conocimiento, que casualmente son establecidos por los mismos que plantean y explican estas categorías hasta el día de hoy…
Claramente las sociedades crean formas de convivencia que se repiten en el tiempo, expresiones que surgen desde su propia concepción del mundo y que perduran generaciones, que se modifican y resignifican, que bien podríamos llamar “folklore”. Pero hay un problema en todo esto, el mundo occidental hace una diferencia entre folklore y arte, discutible pero que responde a un proceso histórico.
En el romanticismo Europa vuelve a sus orígenes griegos estableciendo parámetros claros de lo que es arte y un artista, obviamente todo esto podría entrar en la categoría de “folklore griego”, porque lo es o debería serlo, abstracciones de la naturaleza que respondían a formas de imaginar y concebir el mundo de manera colectiva, folklore danza, folklore teatro, folklore escultura, pero no, el arte ya había sido concebido desde mucho antes de que la palabra folklore fuera utilizada por primera vez en 1846. Entonces Europa produce arte, su cénit sería imitar esa añorada cultura madre y a partir de ello desarrollar arte. En éste periodo, Europa tiene una explosión de creatividad e ingenio de personas con mucho talento que componen obras que hasta el día de hoy se conocen como clásicas o universales.
Del folklore podemos deducir que es una expresión colectiva y personal, y del arte que es una expresión personal y colectiva. Ambas son expresiones humanas pero la academia ha condenado al Folklore a ser anónimo, no institucionalizado, antiguo y funcional y al Arte todo lo contrario, pero aun así estas no son fronteras porque en la cotidianidad y la realidad de las personas y nuestras sociedades estas fronteras NO EXISTEN!
Les doy un ejemplo para ambos casos:
Folklore boliviano: Caporal.
El caporal fue inventado por la familia Estrada Pacheco, presentada por primera vez en julio de 1969 en la entrada del Gran Poder de la ciudad de La Paz. No es anónimo ni “antiguo”. Surge de una organización familiar que resulta en una fraternidad folklórica y podríamos encasillarlo como un invento citadino de la época moderna boliviana. Famoso en el mundo, pero es folklore boliviano. El caporal no resultaría ser el ejemplo más encasillado en los parámetros de la idea de Folklore pero sin embargo lo definen como tal y orgullosamente pertenece al “folklore de Bolivia”.
Arte occidental: Picasso.
Picasso nunca admitió que muchos de sus cuadros o parte de ellos eran simples copias de lo que el pensamiento occidental llama “representaciones primitivas o poco evolucionadas de la capacidad
del Hombre” (Ramírez, Picasso primitivo. 2017), que en su mayoría son obras de arte africanas. Anónimas para el mundo occidental, como si surgieran espontáneamente de un lugar mágico. Acá debemos hacer un paréntesis. Si muestro una obra poco conocida de Dalí a un gaucho de Santiago del Estero, quizá le parezca algo “bueno, lindo o bonito” y quizá no sepa de quién es. Esto no demuestra su ignorancia pero tampoco demuestra que ese trabajo artístico que no conoce sea “anónimo”. Por lo tanto tildar de anónimo obras de arte desarrolladas fuera del ombligo de Europa no significa que sean “anónimas” por el simple hecho de que no las conozcan, sino que demuestra la ignorancia de los occidentales sobre arte y artistas de otras latitudes.
Volviendo, evidentemente, Picasso “tomó prestado” “expresiones folklóricas africanas” que sólo firmó y por su popularidad, el mundo occidental puso “su trabajo” en categorías élite o de alta cultura. El Arte y el artista como algo sublime y superior, con ingenio o genio innato capas de moldear la naturaleza a su gusto. Lo cierto es que fueron máscaras africanas, la clave del “periodo cubista” de Picasso, cómo admitir que fueron la creación de “etnias tribales” y no la de un “genio”, quizá hayan sido genios que vivían en aquellas “etnias tribales”. Para occidente: eso es imposible!
Si ustedes entienden, ambas categorías, Folklore y Arte muestran diferencias difusas. Inexistentes diría yo, dónde comienza uno o se vuelve lo otro. Nos hemos dado cuenta acaso que las expresiones humanas visuales, escénicas, literarias, sonoras, etc son artísticas si vienen de Europa y las mismas expresiones, las mismas, son folklóricas y artesanales si vienen de Latinoamérica. Esta forma de medir calidades, procesos y hasta jerarquizar uno sobre lo otro ni siquiera ha sido una decisión nuestra, pero se la acepta como si fuera una verdad.
Algo que debemos entender mucho antes de suprimir y prescindir de conceptos que son herramientas colonizadoras útiles para mantener el orden social y de las cosas en una pirámide vertical, es que estas ideas han funcionado tan bien en todos nuestros países que difícilmente se percibe, es más el Estado es funcional a éste orden.
Si se piensa en políticas culturales y el desarrollo también cultural de un país, en primer orden se tiene la creación de escenarios, teatros, ballets nacionales, orquestas filarmónicas, academias de arte, etc, etc. Pero todas ellas son para el desarrollo del mismo arte occidental pero en Bolivia, Perú o México. ¿Acaso al pensar en políticas culturales con identidad propia se va más allá de la difusión de textiles o danzas típicas, o música folklórica tradicional, de pretender ser o vender la figura de estampita o suvenir turístico?. Acaso se piensa en desarrollar técnica y tecnológicamente arte Aymara, Mapuche o Nahuatl. Acaso no es perverso condenarnos a un lugar prefabricado, de segundo orden, al que ni siquiera hemos decidido ocupar para que nos digan que nuestra cultura fue y será siempre así, que así se ha transmitido de generación en generación y hay que preservarlo y cuidarlo como algo eternamente inmutable. Acaso esto no es limitar nuestra capacidad creativa a lo existente y es todo, ¿Por qué la creación y la innovación no nos pertenecen?
Los artistas latinoamericanos/as al pensarse artistas y profesionales salen de sus países para estudiar a Kandisky, Vaganova o Tolstoi. ¿Por qué con ese mismo ímpetu no estudian el legado artístico correspondiente a su lugar de origen o el espacio geográfico que ocupan?. Porque claramente esos espacios no existen. Porque son negados por los Estado. Porque –claramente-
son de segundo orden, cosas de indios o de pueblo, no lo que un genio creativo puede hacer con el mundo.
Así pues es nuestra mente colonizada, funcional a órdenes de poder, ideas que han servido para acumular y entender nuestro lugar en el mundo, de autodesprecio.


En algún momento hablé esto con un representante del “majestuoso carnaval de Oruro, obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”, investigué sólo para probar mi punto. Y acá lo tienen:
La declaratoria de la UNESCO sobre el carnaval de Oruro se la brinda a la festividad que se realizan los días sábado y domingo en las correspondientes fechas de carnaval. Tiene el título por su estrecho vínculo con el pasado milenario de Bolivia y el sincretismo cultural religioso de la fiesta a la virgen del Socavón. Sepamos pues que ésta fiesta cuenta con la mayor cantidad de danzas creadas en el siglo XX y los últimos 50 años, es una expresión de exceso comercial, alcohólica y que mueve millones de bolivianos. Dos días antes del “majestuoso carnaval”, también en Oruro, se realiza la Anata Andina, festividad que dio existencia al Carnaval de Oruro donde entran comunidades del altiplano boliviano entre ellos aymaras, quechuas y uru-urus con vestuario música y danzas precolombinas, sin embargo esta fiesta no es parte del patrimonio oral e intangible de la humanidad, éste título le corresponde a la festividad donde se puede ver bailar caporales al ritmo de cumbia y tinkus de colores fosforescentes, tobas con zapatillas nike apreciados entre palmas, pedidas de besos y frías cervezas… (Para saber más, ver “Virgen en tanga(link)”).
Ahí tienen la expresión del autodesprecio cultivado durante toda la “conquista” y colonia y mantenida por varios mecanismos hasta el día de hoy. El carnaval de Oruro es claramente un evento occidentalizado, comercial y que el Estado ofrece al turista a través de un gran packaging. La Anata Andina habla sólo de indios y campesinos aledaños que no merecen ser nombrados en el proyecto de la OBDEFO y el Gobierno Autónomo de la Ciudad de Oruro y su solicitud ante la UNESCO. Mejor dejarlos a un lado porque causan vergüenza, Picasso seguro tenía vergüenza de “sus inspiración”… ¿de qué otra manera se puede entender esto?
Habrá que entender que no todo lo concebido, escrito y desarrollado en la academia sirve para comprendernos y entender nuestro lugar en el mundo, de hecho la mayoría de las cosas, conceptos y teorías nos establecen en una escala de valores y categorías no equitativas. El lenguaje, la ciencia, las ideas y el arte establecidos desde una sola mirada nos condena a la periferia, por esa misma razón son obsoletas e inútiles, no nos reconocen, nos señalan, nos dicen donde estar y no donde estamos. Mantener la idea de Folklore y nombrar así a nuestras expresiones ya es una condena implícita, ofrecemos nuestra derrota al genio creativo, negamos a nuestros genios.
No pretendo extenderme más por ahora, aunque me queda mucho por decir.
Con afecto y para cambiar al mundo…


Oscar Rea López

CDR

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